Reflexión...
El
cambio que ha sufrido la sociedad en estos últimos años trae consigo una baja en la calidad de la educación, al mismo tiempo la
diversidad cultural, los avances en la
ciencia y en la tecnología abren una visión diferente del mundo, lo cual exigen un cambio urgente en en el quehacer pedagógico.
En nuestro contexto hace falta acción docente, la educación sigue estática como hace 10 años, los cambios no se ven en las aulas, los docentes siguen siendo transmisores de contenido y apuntan a desarrollar clases usando métodos tradicionalistas de enseñanza, dejando de lado las necesidades de los estudiantes.
Aún no se ha tomado consciencia de que estamos en otra era, que los jóvenes cambiaron, sus intereses cambiaron y por ende la sociedad ya no es la misma. Urge replantear la acción docente, dejar de mirar al profesor como el ser que tiene el conocimiento y enfocarnos más en el estudiante como sujeto principal del proceso enseñanza-aprendizaje y como el agente constructor de sociedades y culturas.
Un docente debe verse como un modelo en la construcción del conocimiento que brinda oportunidades de aprendizaje y no se limita en meros contenidos sino que abre espacios de reflexión y permite que sus estudiantes vallan más allá de lo que ellos creen. Un docente del siglo XXI debe mostrar a sus estudiantes que pueden hacer más, que sus capacidades son tan amplias que lograrían conquistar el mundo si se lo proponen, que sus habilidades les permitirán ser los mejores si ellos lo deciden.
El problema de la educación radica en que aún seguimos siendo docentes del siglo pasado, no
hemos tomado la decisión de cambiar, seguimos dejando que pase el tiempo y seguimos viviendo la institución de la misma manera.
Pero, ¿qué han hecho las instituciones educativas para mejorar esto?
Las instituciones no han dado el paso principal, los modelos que se usan continúan siendo obsoletos y si bien en su currículo existen maravillas de procesos, estos no se están llevando a cabo porque aún no se hace vivir en la comunidad educativa.
"El problema de la educación está en las relaciones entre todos los elementos que constituyen la escuela, en la forma como nos hemos organizado y vivimos la vida institucional"
El cambio urge, y aunque repito esta palabra con frecuencia, ahora llego a pensar que esta reflexión debió llamarse el "cambio docente", porque si bien es cierto que en ocasiones logramos resultados buenos con nuestros estudiantes, no podemos continuar utilizamos modelos de enseñanza que solo cubren una parte de las necesidades educativas. Hay que replantear la gestión curricular de las instituciones, ella es la columna vertebral y la base de la práctica docente.
Hay que tener claro que el currículo no es solo un concepto, sino que debe ser tomado como un agente que ayuda a construir cultura y sociedad, lo cual es equivalente a la labor de un docente que forma a sus estudiantes como personas de bien y como el futuro mismo de la sociedad.
"el currículo no es un concepto, sino una construcción cultural". S. Grundy (1994)
La gestión curricular debe incluir un modelo pedagógico innovador que se pueda llevar a cabo con toda la comunidad educativa, que cubra las necesidades de los estudiantes, que nunca se separe de la cultura y que dinamice los procesos, logrando así el éxito del quehacer docente y su labor de formador.
"La gestión escolar es la consecución de la intencionalidad pedagógica en y con la participación activa de toda la comunidad educativa. Su objetivo es centrar-focalizar-nuclear a la escuela alrededor de los aprendizajes de los niños y jóvenes. Su desafío es dinamizar los procesos y la participación de los actores que intervienen en la acción educativa".
Un cambio en la gestión curricular significaría fortalecimiento en la labor docente entonces podríamos innovar, replantear, generar, proponer y construir una mejor sociedad, lo cual es equivalente a más calidad educativa.
Catro, Rubilar Francy. GESTIÓN CURRICULAR: UNA NUEVA MIRADA SOBRE EL CURRICULUM Y LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA. Horizontes Educacionales, núm. 10, 2005. pp. 13-25. Universidad del Bío Bío. Cilán, Chile.


